ADIÓS A UN GRANDE …JESÚS DEL POZO…

Se va una figura fundamental del diseño de los últimos treinta años. No solo en lo creativo. “Hay reconocerle haber sido uno de los instigadores de la era actual de la moda en España”. “Junto a Manuel Piña o Antonio Alvarado fue protagonista de la pasarela del Ferrocarril, después de la pasarela Cibeles y, finalmente, de Cibeles Madrid Fashion Week. Hizo posible la realidad que hoy vivimos los demás”.

Jesús del Pozo se convirtió en el primer diseñador de moda que recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, en 1998. También obtuvo el Premio Nacional Cristóbal Balenciaga en 1989 y la Aguja de Oro en 1981. Vistió por igual escenarios bohemios y eventos reales.

 La calle Almirante de Madrid, en la que nació Jesús del Pozo y donde abrió su primera tienda en 1974, definió aspectos fundamentales de su historia. Fue una arteria principal de la vanguardia madrileña de la que él se convirtió en emblema. Su colección de debut data de 1976 y sus inicios fueron contemporáneos a los de Antonio Miró y Adolfo Domínguez. Curiosamente, los tres empezaron diseñando para hombre. Un hilo común recorre su estilo y une Madrid, Cataluña y Galicia. El periodista Pedro Mansilla señala esta coincidencia, pero considera que les emparienta algo más. Recuerda un texto en el que Manuel Vázquez Montalbán analizaba cómo esa generación abrazó la estética, desilusionada por la política. En todo caso, Del Pozo siguió cobijando en sus costuras altas ambiciones intelectuales. Solía decir que creaba para una mujer que no buscaba disfrazarse, sino que se arreglaba para sí misma. Que se vestía “para adentro”. Él decía;”Quiero mucho a la mujer y me encanta potenciar todo lo positivo. No quiero uniformar. Es importante que cada persona aporte algo de su personalidad, por eso trato de hacer moda dúctil y adaptable”. La filosofía estética de un creador que buscaba furiosamente la originalidad.

 En 1992, Del Pozo lanzó su primer perfume. Duende abrió una nueva vía de negocio y definió una nueva era, con menos penurias económicas y un estilo más sofisticado y ampuloso. Le seguirían una docena de fragancias. La última, Ámbar, en 2010. En la década de los noventa también apareció una rentable línea de punto y el diseñador gozó de una hasta entonces desconocida estabilidad y solvencia. Fue uno de los primeros en comprender el potencial del mercado nupcial y presentó su primera colección de trajes de novia en 1996. Un año después firmó un acuerdo de distribución en Japón y lanzó una colección de relojes y de gafas de sol. Le seguirían la ropa infantil, vajillas y hasta alfombras.

Personalmente siempre me han encantado sus diseños, caracterizados por sus vestidos con muchísimo volumen y asimétricos.
 
Él deja huella y nunca morirá del todo…
 
 
 

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